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miércoles, 13 de noviembre de 2013

HABLAR CON LAS PLANTAS



La creencia de que podemos comunicarnos con las plantas, que reciben la información sensitiva que les enviamos y que por tanto pueden reaccionar ante ella, surge junto al invento del polígrafo, un aparato más conocido como "detector de mentiras".


Un ex-agente de la CIA llamado Cleve Backster, se encontraba en su casa intentando mejorar el famoso aparato. Se le ocurrió sin razón aparente conectar la máquina a una de sus plantas para observar cómo absorbía el agua de la maceta. Le conectó los electrodos y vio con sorpresa cómo el polígrafo empezó a detectar una disminución regular de la conductividad, algo que se traduciría en una sensación agradable y relajante... en un ser humano.


A partir de aquí Backster se interesó por la posibilidad de medir las reacciones de las plantas ante otro tipo de situaciones. Se le ocurrió quemar la planta, y en el mismo momento que lo pensó, la aguja dio un salto. Salió de la habitación para buscar cerillas y su regreso provocó otro movimiento brusco de la aguja que indicaría temor en la persona que estuviera siendo analizada. Acercó la llama, sin intención de quemar realmente la planta, y obtuvo una reacción mucho menor. Más tarde volvió a fingir quemarla y tampoco el polígrafo reaccionó.

Backster sólo podía deducir que aquella planta le estaba leyendo el pensamiento, puesto que sabía diferenciar entre las intenciones reales y las fingidas.

Empiezan las investigaciones

Backster descubrió que el fenómeno persistía aún cuando la hoja era separada de la planta, e incluso cuando se la partía en trozos más pequeños. Las plantas reaccionaban ante otras personas y sus pensamientos o en otros peligros potenciales, como por ejemplo que un gato entrara en la habitación. Como anécdota también destaca la llegada de una colega científico canadiense que tenía la costumbre de cocer verdura en el horno, como parte de sus experimentos. Backster dijo al respecto: "Amenazadas por un peligro insuperable, las plantas se desmayaron"

Continuaron los experimentos y Backster recurrió a 6 estudiantes suyos. Les hizo extraer un papel de un sombrero.


5 papeles estaban en blanco y uno indicaba, al que lo hubiera cogido, sin decírselo a nadie, que tenía que matar a la planta cuando el laboratorio estuviera desierto. El "asesino" así lo hizo esa misma noche.
Al día siguiente, una planta que había sido "testigo" de la muerte de su compañera, fue conectada al polígrafo. Los seis estudiantes desfilaron por delante de ella. Cinco no provocaron ninguna reacción, pero el sexto hizo que la aguja oscilara. De esta manera, quedaba demostrado que, aparte de la posible "telepatía", las plantas pueden desarrollar cierto tipo de memoria.



Sin pruebas concluyentes


Backster pese al rechazo de la comunidad científica, que se reía de sus investigaciones preparó un nuevo experimento con la intención de demostrar la reacción de las plantas ante la muerte de tejidos vivos. Diseñó un curioso e ingenioso aparato que tenía la función de dejar caer camarones vivos en una olla de agua hirviendo a intervalos regulares e irregulares. Para ello utilizó tres filodendros nuevos con los que jamás antes había experimentado y los conectó cada uno a una máquina independiente, usando una cuarta para controlar cualquier perturbación electromagnética en su zona de influencia.

Por fin el investigador pudo publicar en 1968 los resultados de un experimento suyo en una revista de prestigio (International Journal of Parapsichology), con la intención de divulgar sus conocimientos e intentar así interesar a otras comunidades científicas. La acogida fue muy buena y a Backster se le fue reconocido el mérito de inaugurar un campo nuevo de investigación sobre una base más que creíble de que las plantas reaccionan ante situaciones determinadas


FUENTE: http://mujer.orange.es/magia/biblioteca/se-puede-hablar-una-planta.html

jueves, 15 de agosto de 2013

NO DEJEMOS DE ASOMBRARNOS

La habilidad de sentir asombro, el secreto de percibir las maravillas que te rodean

“A los ojos de un niño, no hay siete maravillas en el mundo. Hay siete millones.”  -  Walt Streightiff

LA PÉRDIDA DEL ASOMBRO

Como el mundo es un lugar completamente nuevo para los niños, ellos tienen la capacidad innata de asombrarse. Entonces, ¿qué pasa durante el proceso de convertirse en adulto que hace que perdamos esa habilidad de maravillarnos? Pues muchos asocian el asombrarse con la inmadurez y por eso después de adultos piensan que son demasiado viejos, sensatos o inteligentes como para sentir asombro. 

Sin embargo, no podrían estar más lejos de la verdad. El asombro es la capacidad de percibir lo hermoso, lo excepcional, y lo impresionante en todo lo que nos rodea. Contribuye a nuestra felicidad, creatividad y motivación.

En una ocasión un profesor dijo que la belleza es algo que uno aprecia o admira sin ningún tipo de interés en una ganancia personal. Si nos llevamos de esta definición, podemos ver por qué es tan difícil percibir la belleza. La cultura de hoy lamentablemente está centrada en “¿qué saco yo de esto?”  Y “¿cómo me beneficia?” Además, en esta sociedad de ‘actualizaciones’ la publicidad ha hecho que nos centremos en lo que no tenemos. Queremos todo lo nuevo y lo queremos ahora.

Entonces, ¿Cómo puedes renovar tu habilidad de sentir asombro?

LOGROS HUMANOS

El arte, el teatro, la música nos ayuda a recordar que el ser humano es capaz de crear obras increíbles. Igualmente puedes asombrarte con los logros de los demás si te detienes a pensar en todo lo que estaba implicado en realizarlo. Cada obra conlleva tiempo, energía, perseverancia, destreza y creatividad.

Una manera muy sencilla y súper efectiva para aumentar tu aprecio por tales maravillas es dejar a un lado los temores y experimentar por uno mismo. Tomar un curso de pintura, tratar de aprender a tocar un instrumento musical o participar en una obra dramática te hará ver que hacerse experto no es tan fácil.

LA NATURALEZA

Puedes recobrar esta inestimable habilidad deteniéndote a contemplar y aprender sobre  la naturaleza. La palabra clave aquí es detenerse. Todo parece ordinario a primera vista, sin embargo cuando tomas unos minutos para realmente abrir los ojos y observar y luego meditar, las cosas empiezan a cobrar más valor.

Usa tus cinco sentidos. Si ves a un escarabajo cruzando por la acera, agáchate para poder verlo mejor, tómalo en tus manos para sentir cómo se enganchan a tu piel cada uno de los pequeños anzuelos que tiene en la punta de cada pata, escucha sus chasquidos, respira profundo para percibir su olor. No tienes que ir tan lejos como pasarle la lengua…, pero de seguro que encontrarás de qué asombrarte si haces una pequeña búsqueda en internet sobre insectos comestibles.

Sacar tiempo para aprender cosas nuevas acerca de elementos cotidianos puede resucitar tu habilidad de sentir asombro. Tomemos por ejemplo un sencillo banano. ¿Sabías que esta fruta tan común contiene un componente químico que hace a las personas felices o que su cáscara alivia la picazón y la inflamación de la picadura de mosquito? Ahora cada vez que veas uno, será como con nuevos ojos; ojos llenos de asombro.

Recuperar la capacidad de asombrarnos ante lo pequeño, lo simple y lo natural puede devolvernos esa magia que descubríamos a cada momento en nuestra niñez. No te prives de las emociones que resultan de saborear la vida en plenitud, como el asombro, la admiración, el respeto y el aprecio. Abre tus ojos; mira las siete millones de maravillas a tu alrededor…

viernes, 19 de julio de 2013

OTRA ESPECIE QUE SE VA



Ya no habrá mas Rinocerontes negros; se acabaron; se extinguieron, nunca fueron 

prioridad para ningún gobierno. Se van de la faz de la tierra como un recurso agotado de la 

vanidad y la ignorancia humana. Por un simple cuernito de queratina de comprobada in

eficiencia para la cura de alguna enfermedad o ineficiencia sexual. Muchos pensaran: 

Quien necesita rinocerontes? con el país como esta y con la economía tan difícil...Pues 

nadie los necesita, tienen razón, los animales no están allí para suplir necesidades 


humanas, no le pertenecen a ninguna persona o a ningún país, NO NOS PERTENECEN y 

tienen el derecho absoluto de estar en la tierra y vivir en paz.



FUENTE:  www.facebook.com/marilo.lopezgarrido


martes, 2 de julio de 2013

LA SABIDURÍA DE LOS SEÑORES DEL DESIERTO

Hace un par de años, leí esta entrevista a Moussa Ag Assarid ,en  La Contra de La Vanguardia (1 febrero 2007).
Cada una de sus palabras, su sencillez y pensamientos me resultaron profundamente verdaderos.
La íntima relación del pueblo tuareg con el desierto fue lo que más captó mi atención.

Tomate cinco minutos para leer esta genial nota.

Ojalá sus palabras lleguen a retumbar dentro tuyo también.


Moussa Ag Assarid es el mayor de trece hermanos de una familia nómada de tuaregs. Nació al norte de Mali hacia 1975 y en 1999 se trasladó a Francia a estudiar. Es autor de "En el desierto no hay atascos" donde describe su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental.



Entrevista:
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre.
Hoy estudio Gestión en la Universidad de Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.
¡Qué turbante tan hermoso!
Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
Es de un azul bellísimo...
A los tuareg nos han llamado los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados.....
¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
Con una planta llamada indigo, mezclada con otros tipos de pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

¿Por qué?

Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

¿Quiénes son los tuareg?

Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto" nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

¿Cuántos son?

Unos tres millones, la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece....."¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

¿A qué se dedican?

Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio.....

¿De verdad tan silencioso es el desierto?

Si estás a solas en aquel desierto, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba...Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre...Y yo.¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

¿Si? No parece muy estimulante...

Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas...Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

Saber eso es valioso, sin duda...

Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

Vi correr a la gente por el aeropuerto...¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...

Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté...Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua...y sentí ganas de llorar.

Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

¿Tanto como eso?

Si. Al principio de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió...¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa...Entendí: mi madre estaba ayudándome...


¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally Paris-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

Y lo logró.

Si. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

¡Un tuareg en la universidad. ..!

Ah. lo que más añoro aquí es la leche de camella...Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra...Aquí, por la noche, miráis la tele.

Sí...¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa...En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué?. ¿Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

Relateme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, amarillo, verde... 

Fascinante, desde luego...
Es un momento mágico...Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor...La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...

Qué paz...

Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.


FUENTE:  La Contra de La Vanguardia