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miércoles, 18 de septiembre de 2013

LA NATURALEZA Y EL AUTISMO

Niños con autismo "florecen" en programas de terapia hortícola con diseño adecuado.
"Muchos niños con autismo se encuentran más tranquilos y no tan ansiosos en un espacio como el jardín", comenta Gwenn Fried, Mananger de Rusk Horticultural Therapy Services en NYU Langone Medical Center en Nueva York. " Los niños vienen al jardín y exploran espacios a su propio modo; la verde naturaleza los envuelve como mantas y los mantiene cómodos, acogidos".

Se cree que el autismo es causado por una combinación de factores genéticos y ambientales.


El autismo es un término general empleado para describir una amplia gama de trastornos asociados con el desarrollo del cerebro.


Este trastorno se manifiesta de manera diferente en cada niño, a pesar de que comúnmente se muestra como dificultades en la comunicación, la interacción social y comportamientos repetitivos inexplicables.


A menudo causan frustración y ansiedad para el niño y para aquellos a su alrededor.


Aunque aun no existe una cura, cuando se identifica correctamente, las intervenciones terapéuticas adecuadas son una gran promesa para ayudar a los niños con autismo a alcanzar su máximo potencial.


Como se ve a través del programa en NYU Medical Center, actividades de terapia hortícola y jardines  ofrecen interesantes oportunidades para conectar con niños con autismo.


El equipo de terapeutas hortícolas dirijido por Gwenn ofrecen dos modelos de programas de alcance a las escuelas locales que atienden a niños con autismo:


Mejora Gradual de Estudio: Los terapeutas traen plantas a las aulas locales o  las escuelas llevan a sus alumnos a los jardines del hospital para sesiones semanales. Cada lección está diseñada para mejorar el plan de estudios del salón de clases, y los terapeutas trabajan para encontrar la mejor manera de comunicarse con cada niño participante. "Todos los niños pueden aprender", comparte Gwenn. "Los terapeutas sólo tiene que encontrar la puerta correcta para comunicarse con ellos, y sobre todo con los niños con autismo severo, la puerta puede ser menos evidente. Por lo general, el niño se interesa en alguna parte de la actividad y el terapeuta puede identificar ésta como la puerta ".


Programas prevocacionales - El equipo de NYU Medical Center también trabaja con estudiantes mayores de 17 a 21 años en temas referidos a trabajo y habilidades para enfrentar la vida


Los estudiantes mayores visitan el jardín un par de veces a la semana para aprender sobre las plantas y la práctica del trabajo en equipo. Gwenn señala que una de las cosas más notables de este programa es "ver a los niños que no consideraría líderes asumir roles de liderazgo." El programa ayuda a construir confianza, orgullo y un sentido de responsabilidad.


Cuando se le preguntó por qué pensaba que la terapia hortícola es una herramienta útil para trabajar con niños con autismo, Gwenn respondió: "La naturaleza no crítica, está viva y  es real. Pueden tocar y sentir, plantar una semilla y verla crecer "


Beneficios la práctica de la jardinería con niños diagnosticados con autismo:


-Los jardines estimulan todos los sentidos sin ser sobre-estimulados. Los niños pueden explorar diferentes colores, texturas, olores y sonidos en un ambiente de calma, natural.

-La jardinería ofrece oportunidades a los niños para perfeccionar las habilidades motoras gruesas y finas.
-La jardinería permite actividades repetitivas, y aún así ofrece algunos cambios constantes. Puede establecer una rutina reconfortante (reunir las herramientas necesarias, chequear las plantas, quitar la maleza, regar, etc), pero habrá cambios sutiles para activar la curiosidad del niño con cada visita, como los tomates en maduración, nuevos insectos para observar, capullos de las flores en apertura, y hojas de colores cambiantes.
-La jardinería es una actividad que puede ser compartida. Hay muchas oportunidades para la interacción social positiva y trabajo en equipo.

PARA SEGUIR LEYENDO REMITIRSE A LA FUENTE:  http://www.kidsgardening.org/article/autism-and-gardening

sábado, 3 de agosto de 2013

Aprendiendo de los más pequeños

Un estudio llevada a cabo por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) con niños y niñas menores de ocho años ha llegado a la conclusión de que los seres humanos desarrollan en edades tempranas la conciencia que les lleva a proteger el medio ambiente. 

El investigador José Domingo Villarroel ha analizado cuándo desarrollan estos sujetos la sensibilidad medioambiental. En efecto, no aceptan, por ejemplo, pisar una flor. 


Esa conciencia, además, puede presentarse antes de que sean capaces de diferenciar los seres vivos de los no vivos; es decir, antes de ser consciente de que la flor es un ser vivo, los niños o niñas pueden decir que está mal hacer daño a una flor.




En la investigación han participado 118 niños y niñas de 4 a 7 años de los colegios públicos de Plentzia, Urduliz y Sopelana, a los que el mismo Villarroel ha entrevistado. Según ha comentado, "el trabajo ha sido costoso, pero muy bonito, y, además, los resultados han sido llamativos”.



Cada entrevista constaba de dos partes. La finalidad del primero era analizar la capacidad de los niños y niñas para diferenciar los seres vivos de los entes inanimados. A los niños y niñas se les enseñaban ocho fotografías, de las que cuatro eran primeros planos de seres vivos: un perro, un pájaro, un árbol y una flor; las otras cuatro eran de entes inanimados: el sol, las nubes, un coche y una moto. “Al mostrar cada una de las fotografías, les preguntaba que veían: un ser vivo o un ser que no estaba vivo”.
Las imágenes utilizadas en la segunda parte de la entrevista representaban comportamientos inadecuados, y todas ellas se seleccionaron de libros infantiles. Esos malos comportamientos se podrían clasificar en tres grupos: los que influyen negativamente en el bienestar del otro: quitar bienes y utilizar la violencia con los amigos, los que no se adecuan a las reglas sociales: sacarse los mocos con los dedos y comer de forma descuidada, y los que perjudican a las plantas: pisar una flor y grabar dibujos mediante una navaja en el tronco de un árbol.
Explica Villarroel que “en las entrevista puso a los niños y niñas ante un dilema; es decir, los situaba ante dos comportamientos malos, y debían elegir el peor. Se les planteaban dos tipos de dilemas: en uno debían elegir entre romper las normas sociales o influir en el bienestar de los otros; y en el otro, romper las normas sociales o hacer daño a las plantas.
El pensamiento moral y el mundo de las emociones
En opinión del investigador, los resultados del trabajo han sido interesantes. “En la primera parte, las respuestas han sido las esperadas. De hecho, muchos niños y niñas, especialmente los de menor edad, no son capaces de diferenciar los seres vivos de los no vivos; por ejemplo, les cuesta mucho entender que un árbol es un ser vivo, y, sin embargo, tienden a creer que los coches y las motos tienen vida”, ha explicado Villarroel. Por lo visto los niños y niñas relacionan el hecho de ser vivo con el movimiento.
En la segunda parte, los resultados le han parecido más llamativos, ya que ha detectado una ‘paradoja’. Al parecer, los niños y niñas creen que perjudicar a otro niño o a las plantas es más reprobable que romper las normas sociales, “también en los casos en los que piensan que plantas no son seres vivos”. Es decir, no saben con certeza si la flor es un ser vivo; pero les parece mucho peor pisar una flor que tomar la sopa de manera inadecuada o meter los dedos en la nariz”.