sábado, 17 de agosto de 2013

La Arboleda

Apenas a una veintena de kilómetros de Bilbao, el paraje de La Arboleda, en plenos Montes de Triano y en plena comarca de Las Encartaciones (Enkarterri, en euskera), es una visita obligatoria si viajamos a tierras vizcaínas. 

Testimonio (y protagonista) excepcional del pasado minero de la zona, buena parte del desarrollo industrial, especialmente el vasco, comenzó a forjarse en sus explotaciones de hierro que, aunque se remontan en el tiempo muchos siglos con un carácter muy artesanal, encontraron su período de máximo esplendor entre la última década del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX



Desde aquellos tiempos la zona ha variado bastante: los barrios, cuya fisonomía de comienzos del siglo XX denotaba que estaban levantados para satisfacer la mínima necesidad del lecho y poco más, muestran ahora variedad cromática en sus fachadas.


El poblado de La Arboleda emergió de un conjunto de barracones en los que las primeras oleadas de trabajadores de la mina, muchos de ellos emigrantes, descansaban. 
Había tanta actividad en los lechos como en las excavaciones, con el turno de cama caliente que no daba margen: o se trabajaba o se dormía. 



Ese núcleo fue creciendo en torno a una plaza, llamada de La Magdalena. Y con el trabajo, y las mejoras que, arañazo a arañazo, huelga a huelga, mantuvieron los mineros a finales del siglo XIX, La Arboleda prosperó al son de sus inquilinos



Esta evolución generó necesidades de material y algunos de los bosques de la zona pasaron a mejor vida. El hombre modificó una vez su entorno a su antojo: serró, excavó, labró… Y de todas aquellas actuaciones la sabía Tierra evolucionó a la fisonomía actual de la zona. 


La Arboleda, eso sí, quedó en un topónimo no exento de ironía, aunque en los últimos tiempos se han realizado repoblamientos y hasta podemos encontrar rebaños semilibres de caballos y ovejas latxas pastando a su libre albedrío. 


El que, para muchos, tuvo que ser un infierno de polvo, piedra y calamidades, es en el presente un pequeño paraíso para disfrutar del senderismo y la relajación… Y para comprobar cómo el planeta se regenera, lentamente, ante las modificaciones del entorno que hace el ser humano.



Fuente: elpaisquenuncaseacaba.blogspot.como.es

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